Ocho noches blancas

Hace ocho días estaba por la Puerta del Sol y como las librerías me producen un extraño influjo, me metí en la del Corte Inglés. Y sé, que cuando entro, ya no voy a poder salir con las manos vacías. Pero entro a perderme un rato entre libros, a ver novedades, recordar clásicos, imaginar historias y lugares, a tocarlos y olerlos, o a leer sus principos y hacer descubrimientos extraordinarios.

El otro día fue uno de esos, de los de hacer descubrimientos extraordinarios…

Estaba curioseando por uno de los laterales, por donde están lo libros apilados en altas columnas. Éste estaba levantado mostrando su portada atrás, a la derecha.

En un principio me llamó la atención la portada, una fotografía con aire de cuadro en la que aperece un hombre durmiendo (después descubrí que era Henry, 28 años, neoyorkino).

El título depertó mi curiosidad, 8 noches blancas…

Lo cogí, lo sostuve con una mano sintiendo su peso y le dí la vuelta para leer su contraportada.

Comienza así: “Es la noche de Navidad”. Qué propicio, pensé. Me gusta leer historias en las que por el tiempo o por el espacio pueda, de algún modo, vivirlas o sentirlas en mi propia realidad. Como cuando leí y viví en Σπέτσες la genial The Magus de J. Fowles

Seguí leyendo y me contó que Henry va a una fiesta la noche de Navidad y allí, deambulando por la casa, preguntándose si debía haber ido, una chica se le acerca y le dice: Soy Clara. Al parecer ese era el comienzo de todo.

Después supe que a partir de ahí encontraría un raudal de muy buena escritura y pensamientos, sentimientos, dudas, besos y preguntas.

Con la otra mano pasé sus páginas con el pulgar. Mmmmm es suave, pensé.

Lo abrí preguntándome quién lo habría escrito. El autor resultó ser André Aciman. Ni idea, pensé. Luego ví su foto y leí que es egipcio y profesor de Teoría de la Literatura y de las obras de Marcel Proust en la Universidad de Nueva York. Mmmm interesante. También me fijé en que aunque estaba traducido del Inglés por una mujer, había salido de la mente de un hombre. En las historias de amor hay que tenerlo en cuenta.

Busqué la primera página y empecé a leer…

A las pocas líneas ya quería venirse conmigo. Pero lo dejé y dí otra vuelta explorando entre las estanterías. Volví a por él.

Al parecer contaba la historia de lo que había pasado durante las siguientes 8 noches, con sus respectivos días en la vida de Henry. En primera persona. Así que decidí leerlo en ocho días, bueno, ocho noches realmente.

Hoy, en el tren, en el pedazo tunel que hay viniendo a Madrid desde el norte, lo terminé.

El libro me ha encantado.

Me ha parecido un libro de esos grandes libros que llegan a ser clásicos y a perdurar en el tiempo por la forma en la que están escritos y por un tema tan nuestro como es el amor. Uno de esos libros que recuerdas y te acompaña el resto de tu vida, porque mientras lo leíste te sentiste identificado en tantas escenas que viviste y rememoraste…

Creo que el modo en el que está escrito es sublime. Aunque parte del mérito lo tiene la traductora, que estoy segura de que no podría haber elegido mejores palabras en cada momento.

Nos mete en la mente de Henry, en sus pensamientos, en sus interacciónes con otra gente, en un estilo que en mucho momentos me recordó al stream of consciousness que yo ya había vivido en A Portrait of the Artist as a Young Man de J. Joyce. Que como su protagonista Dedalus, viví en la Universidad.

El hecho de que esté dividido en 8 noches hace que si lees una noche por día puedas vivirlo un poco con el potragonista, sin saber qué pasará al día siguiente.

La historia sucede en Nueva York, en las 8 noches que van desde la Noche Buena a Nochevieja. Leerla ahora, en una gran ciudad, con las lucecitas, el frío y las bufandas te hace imaginar que cualquiera podría ser Henry.

Por momentos me recordó a mi querido Catcher in the Rye de J. D. Salinger. Por el estilo narrativo, siempre en stream, y por el escenario, esa Nueva York congelada y esos parques neoyorkinos. Además de que éste también se desarrolla por estas mismas fechas.

Otro que, ‘casualidades’ de la vida, leí con 17 años igual que la edad de su protagonista Holden.

De vuelta a las 8 noches puedo decir que es una gran historia de amor. Y no por el tiempo que dure, o por la cantidad de felicidad que haya en ella. Si no porque se trata de algo que todos hemos vivido y que todos esperamos vivir.

Sólo 8 noches… y… ¿qué pasará en Nochevieja?

La historia es fantástica porque son sus 8 primeras noches. Esas que tú también has vivido. Cuando todo es curiosidad, atracción, dudas, besos, batallas, risas, preguntas, juegos…

De esas veces que conoces a una persona y notas que te va a cambiar la vida…

Los pensamientos y sentimientos de Henry nos hacen sentir esos momentos. Ese ‘¿y quién eres tú y cómo has entrado así en mi vida?’. Esas dudas de esos primeros momentos. Ese querer conocer. Esos momentos de complicidad y esos otros en los que piensas que no hay ningún futuro. Esas palabras inventadas, compartidas y jugadas. Esas risas y esos momentos de confusión. Esas preguntas y esas confidencias… esos momentos…

Bueno esas cosas que ya todos vosotros sabéis… Esas historias que ocurren de repente… Esas personas que de un día para otro te cambian el mundo…

Una gran historia para leerla y para vivirla.

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2 responses to “Ocho noches blancas

  1. Vaya, por fin. Desde que leí Ocho noches blancas, cuando llegó a nuestras librerías, busco de vez en cuando una reseña en la red sobre el libro que no tenga que ver con ninguna base de datos editorial o con una librería. Y me alegra al fin encontrarla así, que cuenta su relación con la novela de forma tan parecida a como la viví yo.
    También soy adicto y me dejo atrapar por el embrujo de las librerías. Frecuento habitualemente dos, una en cada una de mis dos ciudades pequeñas. A veces entro en ellas como imagino que se entra en una selva, con todos los sentidos alerta. Camino en cámara lenta, leo, toco, observo, analizo brevemente. Portada, reseñas, datos de autor o autora, primera página (qué importantes son). Suscribo cada una de tus líneas y me alegro, como decía al principio, encontrar por fin a alguien que pueda hablar de esta obra que a mí también, por varias razones, me parece magnífica. Y es que no es fácil en estos días encontrar un fragmento dedicado a la belleza.
    Yo también leí los trayectos de Holden a su tiempo (en mi caso 18). JD, junto a Cortázar, Kerouac, Hesse y Vian, fueron, creo, algunos de los primeros culpables de la adicción bendita. Pero volviendo a Aciman: me gustó tanto que, un año y medio después de descubrir personalmente a Dostoievski en “El idiota”, sentí curiosidad por el particular origen de esa parte de homenaje que tiene Ocho noches blancas. Fui a una de esas dos librerías (la que no es Cervantes) y encargué el relato del ruso. Bueno, son cosas distintas, pero las líneas del gran clásico siempre tienen algo de remolino que te sumerge.
    Quería agradecerte este comentario y celebrar mi coincidencia con tus opiniones. Es un placer saber que de los pocos alguien que han atravasesado Ocho noches blancas, ha habido un alguien dispuesto a comentar la razón de su placer.
    Te dejo mi saludo, aun a sabiendas de que posiblemente pase inadvertido al haber transcurrido casi tres meses desde esta publicación.
    R.

    • Muchas gracias por tu comentario, me alegro mucho de que te haya gustado mi historia con Ocho noche Blancas, siempre es bueno encontrar a alguien con quien compartir estos pensamientos y la pasión por sumergirse en los mundos que nos traen los libros. :)
      Siempre creo que es tan corta la vida y hay tantos los libros que descubrir…

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